Las casas de Bosa descienden hacia el río en una cascada de colores pastel, con el castillo de los Malaspina rematando la cima y las palmeras a lo largo del Temo —el único río navegable de Cerdeña— aportando un aire casi colonial. En la otra orilla, las antiguas tenerías de Sas Conzas recuerdan el oficio que hizo la fortuna de la ciudad.
El barrio de Sa Costa es un laberinto vertical de escalinatas y ropa tendida; la Malvasia di Bosa, dulce y oxidativa, se sirve en las bodegas familiares. A 2 kilómetros se hallan Bosa Marina y la carretera costera hacia Alghero: una de las rutas panorámicas más hermosas de la isla.
En los alrededores de Bosa
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