El primer domingo de septiembre, desde 1922, el mundo contempla Monza: el autódromo en su parque figura entre los circuitos más antiguos y rápidos del planeta, el «templo de la velocidad» de la Formula 1. Pero la ciudad atesora algo más antiguo que la gasolina: en la catedral, la capilla de Teodolinda decorada con frescos por los Zavattari custodia la Corona Ferrea, con la que se coronó a reyes e emperadores —Napoleone incluido.
La Villa Reale de Piermarini (1777) y su parque cercado, entre los más extensos de Europa, completan una ciudad elegante que habita gustosa a la sombra de Milano: a quince minutos en tren, pero a un ritmo completamente distinto.
En los alrededores de Monza
Los destinos contados por nuestra redacción más cercanos, con la distancia en línea recta.