Si pones un pie en esta localidad lombarda de casi 23.000 habitantes, te tropezarás de inmediato con el legado del 4 de junio de 1859. Aquel día, las tropas franco-piamontesas comandadas por Napoleón III se impusieron al ejército austriaco en la Batalla de Magenta, un combate determinante para emancipar a Italia de la dominación habsbúrgica.
La repercusión de semejante victoria resonó con tanta fuerza que el químico francés François-Emmanuel Verguin decidió rebautizar en honor al municipio un colorante rojo violáceo que había patentado en ese mismo año. Desde entonces, este rincón del área milanesa vinculó para siempre su nombre a uno de los tonos primarios esenciales de la imprenta moderna a escala global.
En los alrededores de Magenta
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