En la catedral de Ortona descansan desde 1258 las reliquias del apóstol Santo Tomás, traídas desde una isla griega por un capitán ortonés: un hito de fe que convierte a la ciudad en un pequeño santuario adriático. Su historia reciente es mucho más dura: en diciembre de 1943, la encarnizada batalla casa por casa entre alemanes y canadienses le valió el sobrenombre de la «Stalingrado de Italia», una memoria que hoy custodia el cementerio militar canadiense a orillas del río Moro.
El castillo aragonés suspendido sobre el mar, el paseo oriental y los trabocchi de la costa sur —con sus característicos restaurantes asentados sobre palafitos— ofrecen hoy el rostro de una Ortona marcada por el vino Montepulciano, la actividad del puerto y sus amplios horizontes.
En los alrededores de Ortona
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