Lanciano custodia lo que la tradición considera el primer milagro eucarístico de la historia de la Iglesia: en el siglo VIII, según relata la historia, la hostia y el vino se convirtieron en carne y sangre en manos de un monje lleno de dudas; las reliquias se veneran en San Francesco, destino de peregrinaciones de todo el mundo. La ciudad de los frentanos fue durante siglos una de las plazas de ferias libres más destacadas del Reino.
Las Feste di Settembre y la recreación del Mastrogiurato evocan de nuevo aquella época. Su centro, comprendido entre la iglesia gótica de Santa Maria Maggiore y las torri Montanare, merece la parada reposada que el interior del Abruzo sabe imponer.
En los alrededores de Lanciano
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