Diamante rinde culto a dos religiones: el mural y el picante. Desde 1981, artistas de todo el planeta pintan las fachadas del casco antiguo —hoy los murales superan los 300, con estilos que van del realismo al arte urbano— y en septiembre el Festival del Peperoncino convierte el paseo marítimo en la capital picante de Italia, con la Accademia custodiando su tradición.
Frente a la localidad se alza el islote de Cirella; a lo largo de la Riviera dei Cedri, los huertos de cidro reciben cada otoño la visita de rabinos de medio mundo, que acuden a seleccionar los frutos perfectos para la fiesta de Sukkot. Mar, especias y arte: una fórmula que jamás cansa.
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