En 960, un juez formalizó una disputa redactando «Sao ko kelle terre»: con el Placito capuano nacía uno de los testimonios más antiguos del italiano vulgar. Reconstruida por los longobardos sobre las ruinas de la romana Casilinum, la ciudad se convirtió en la fortaleza septentrional del Reino de Nápoles. Murallas y dos castillos vigilaban el paso sobre el río Volturno, a caballo entre la antigua via Appia y la Casilina.
Sus 19.036 habitantes viven hoy en un centro que combina el legado militar con la visión científica. Sede arzobispal desde 856, Capua mira ahora hacia el espacio: desde 1984 alberga los laboratorios del Centro Italiano Ricerche Aerospaziali. Un punto clave de la Terra di Lavoro donde la evolución histórica y de la ingeniería sigue siendo plenamente tangible.
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