Capital durante cuatro siglos del marquesado del Monferrato, Casale conserva ese aire de pequeña corte: el castillo, la catedral románica con su atrio único en su género y sus palacios decorados con frescos. La verdadera sorpresa te aguarda en la primera planta de un patio interior: la sinagoga de 1595, entre las más suntuosas de Europa, cuyos dorados barrocos y museos judíos relatan la historia de una comunidad centenaria.
Junto al Po, la ciudad vive del arroz, del vino —el Grignolino tiene aquí su cuna— y de los krumiri, las galletas con forma de bigote nacidas en 1878. El Monferrato de los viñedos, reconocido por la UNESCO, empieza nada más salir de sus puertas.
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