Ladislao Odescalchi la fundó en 1888 como estación balnearia para los romanos, y así se le quedó el nombre: Ladispoli es la playa «de casa» de la capital, de arena oscura y ferrosa —muy caliente bajo el sol, codiciada tiempo atrás para los baños de arena— y con un paseo marítimo sencillo y cercano. Hacia el norte, la marisma de Torre Flavia se presenta como un oasis para observar aves, con la ruina de su torre emergiendo del agua.
En abril, la sagra del Carciofo Romanesco, una de las celebraciones agrícolas más tradicionales de Lazio, abarrota las calles con fritos y exposiciones. En Palo, el castello Odescalchi y su bosque evocan la costa de los príncipes, con Roma a tan solo media hora en tren.
En los alrededores de Ladispoli
Los destinos contados por nuestra redacción más cercanos, con la distancia en línea recta.