En 1998, las redes de un pesquero de Mazara sacaron del agua una verdadera obra de arte: el Satiro Danzante, un bronce griego que lleva danzando dos milenios y que hoy llena por sí solo el museo dedicado a su figura. Es el emblema perfecto de Mazara: una ciudad de mar adentro con una de las flotas pesqueras más relevantes de Italia y la gamba roja como gran estandarte gastronómico.
En la kasbah —el barrio árabe de callejuelas y cerámicas, donde hoy reside una arraigada comunidad tunecina— este Mediterráneo de mestizajes es una realidad cotidiana desde hace mil años. El paseo marítimo normando y el cous cous completan la historia.
En los alrededores de Mazara del Vallo
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