Castelvetrano alberga Selinunte, uno de los parques arqueológicos más extensos de Europa, donde los templos dóricos de la colonia griega se alzan entre el mar y los campos de apio silvestre que le dieron nombre. El templo E recompuesto, la acrópolis sobre las dunas y le cave di Cusa —con sus tambores de columna abandonados a medio labrar— componen un relato único de la Grecia occidental.
En la ciudad, el Efebo de bronce del siglo V a. C. es la pieza estrella del museo cívico; el pan negro de Castelvetrano, elaborado con granos antiguos horneados a la leña, y la oliva Nocellara del Belice son sus sabores emblemáticos. Las playas de Marinella cierran la jornada.
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