En la ruta hacia Arezzo, el Spedale del Bigallo acoge viajeros desde el siglo XIII: este albergue medieval, restaurado y aún activo, es el símbolo de Bagno a Ripoli, la primera colina a las afueras de Firenze donde los florentinos siempre han tenido fincas y villas. En el oratorio de Santa Caterina all'Antella, los frescos del siglo XIV de Spinello Aretino son un pequeño tesoro para el que conviene reservar visita.
El nombre proviene de los baños romanos situados en la vía consular. Hoy el municipio representa la campiña culta a las puertas de la capital: olivos, iglesias rurales y trattorias donde la bistecca no es un reclamo turístico, sino una costumbre cotidiana. Firenze está a diez minutos; la quietud, en su propio hogar.
En los alrededores de Bagno a Ripoli
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