La llaman la ciudad de los Imperiali por los marqueses que la convirtieron en una pequeña capital: su castillo-palacio preside el centro barroco de Francavilla Fontana, entre iglesias gemelas y portadas señoriales del alto Salento. Pero el momento en que la ciudad se desvela por completo es la Semana Santa: los «pappamusci», cofrades descalzos y encapuchados, recorren las iglesias en silenciosa peregrinación, en uno de los ritos más intensos del Sur.
Entre almendras, uva y aceite, el campo sigue siendo la despensa de una mesa sincera. Ostuni y el mar a un lado, Lecce al otro: Francavilla es el Salento que no actúa.
En los alrededores de Francavilla Fontana
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