El castillo marino, erigido en el agua desde 1551 para defenderse de los corsarios, es el sello inconfundible de Rapallo: a su alrededor, el paseo marítimo de estética modernista evoca la época en que esta villa del Tigullio acogió a Nietzsche, Hemingway y Ezra Pound, quien vivió aquí durante años. El puerto deportivo y los cafés históricos mantienen vivo aquel aire de ribera culta.
El teleférico sube en ocho minutos hasta el santuario de Montallegro, a seiscientos metros sobre el golfo: la panorámica recompensa de sobra cualquier vértigo. Desde Rapallo, además, el barco hacia Portofino y San Fruttuoso parte prácticamente a la puerta de casa: la Liguria más escenográfica empieza en el propio molo.
En los alrededores de Rapallo
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