El casco antiguo de Termoli parece una isla disfrazada de promontorio: intramuros, los callejones de tonos amarillos y rosas descienden hacia la catedral románica mientras el Castello Svevo vigila el horizonte. Abajo, los trabucchi —viejas estructuras de pesca sobre pilotes— extienden sus entramados de madera hacia el mar Adriático.
Desde su puerto parten los ferri hacia las Tremiti, el único archipiélago del Adriático italiano. Hay una curiosidad ideal para relojeros: el meridiano que fija la hora de Europa Central pasa justo por Termoli, lo que le vale el título de «ciudad del tiempo». Para rematar la jornada como se merece, nada mejor que saborear el tradicional brodetto alla termolese.
En los alrededores de Termoli
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