El mito vincula a esta ciudad con Aci, el pastor al que amaba Galatea y a quien mató Polifemo: dicen que su sangre se convirtió en el río que le da nombre. Acireale es la gran capital del barroco catanés labrado en piedra lavica y blanca —con la piazza Duomo y San Sebastiano a la cabeza—, además de albergar el carnaval que los propios sicilianos consideran el más hermoso de la isla, con sus carrozas cuajadas de flores desfilando dos veces al año.
A sus pies se extiende la Timpa, una reserva natural suspendida sobre el mar desde la que arranca el descenso de las Chiazzette hacia la villa marinera de Santa Maria la Scala. Aquí, disfrutar de una granita con brioche es, sencillamente, una cuestión de identidad.
En los alrededores de Acireale
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