Aquí nació Domenico Modugno en 1928, y «Volare» acabó convirtiéndose en la sintonía inseparable del pueblo: su estatua con los brazos abiertos contempla el mar sobre el que la localidad se erige en vertical. Las casas blancas se asoman al borde de un acantilado repleto de cuevas; abajo, la cala de Lama Monachile, enmarcada por el puente borbónico, figura entre las playas más fotografiadas de Italia.
Desde los miradores del casco antiguo todo lo demás se explica solo: aguas de tono cobalto, saltadores de acantilados —el circuito mundial de saltos de gran altura hace escala aquí— y heladerías para rematar la noche. Un consejo: prueba el «caffè speciale» de Polignano, preparado con nata, limón y amaretto.
En los alrededores de Polignano a Mare
Los destinos contados por nuestra redacción más cercanos, con la distancia en línea recta.