La abadía de Grottaferrata es una construcción verdaderamente singular: fundada en 1004 por San Nilo di Rossano, constituye el último monasterio italo-griego que se conserva en Italia. En ella, los monjes basilianos continúan oficiando el rito bizantino en una iglesia repleta del brillo de sus mosaicos e iconos, al amparo de las murallas que fortificó Sangallo por orden de Giulio II. Su célebre taller de restauración de libros antiguos ha salvado valiosos códices de medio planeta, entre los que figuran los tomos dañados por la riada de Firenze de 1966.
Alrededor del cenobio crece un municipio de 19.156 habitantes en los Colli Albani, a veinte kilómetros de Roma, rodeado por elegantes villas tuscolanas y paños de viñedos. Su feria nacional de primavera, que anima la localidad desde hace siglos, brinda la mejor ocasión para descubrir la esencia histórica de Grottaferrata.
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