El alcornocal de Niscemi es un gran monumento verde: uno de los últimos bosques de alcornoques de Sicilia, convertido hoy en reserva natural, que durante siglos dio sustento a descorchadores y carboneros. El otro gran orgullo nace en sus huertas: la alcachofa morada de Niscemi, a la que rinden homenaje cada primavera en una fiesta gastronómica que atrae a media provincia.
El pueblo, reconstruido después de 1693 al borde de la meseta, contempla la llanura de Gela hasta alcanzar el mar. Entre iglesias del siglo XVIII y patios tradicionales, se muestra el rostro de la Sicilia interior más laboriosa, que toma aire a través de su antiguo bosque.
En los alrededores de Niscemi
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