La «mariposa sobre el mar» —como la contemplaba el pintor Salvatore Fiume— es la mayor de las Egadi, tan llana que permite recorrerla en bicicleta entre muretes de piedra seca y jardines subterráneos excavados en el tufo. Las canteras de calcarenita esculpieron Cala Rossa y Bue Marino: auténticos escenarios minerales sobre un agua que no necesita filtros.
La fábrica Florio, una catedral de arcos y chimeneas junto al puerto, narra en su museo la tradición de la almadraba que enriqueció a la isla. Hoy la mattanza ya no se celebra; quedan el atún en el plato, las bicicletas al amanecer y un verano con aroma a salitre y a higos.
En los alrededores de Favignana
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