En el siglo VI d. C., durante la guerra greco-gótica, el general bizantino Narsés mandó levantar un primer castrum en el monte Bonadies, a unos 300 metros sobre el nivel del mar. En el siglo VIII, el duque lombardo Arechis II convirtió la fortaleza en el vértice septentrional de un sistema defensivo triangular que ceñía Salerno y volvió la ciudad inexpugnable, según el testimonio del historiador Pablo Diácono en su Historia Longobardorum. El castillo nunca cayó por la fuerza: en 1077 sus ocupantes pactaron la rendición con Roberto Guiscardo solo por hambre.
Qué ver
El conjunto monumental conserva las capas de más de un milenio de historia militar y residencial. El trazado bizantino inicial se reconoce en los bloques de toba en opus quadratum y en la estructura rectangular de la turris maior, concebida en cinco o seis niveles para controlar el puerto que queda abajo y los caminos hacia Nuceria Alfaterna. En época normanda la fortaleza se amplió hacia el sur con una galería y, sobre un espolón rocoso al norte, se levantó la torre llamada La Bastiglia para cubrir los puntos ciegos. Entre la fase angevina y la aragonesa se añadieron los cuerpos de fábrica al este de la Piazza d'Armi, nuevas cortinas con saeteras y troneras para fusil, unas termas con balneum y varias cisternas. Bajo la terraza que precede a la turris maior se visita el hipogeo, un espacio usado también como prisión que conserva frescos con santa Catalina de Alejandría y san Leonardo, protector de los presos. En el museo interior se exponen los hallazgos de las excavaciones del sitio, entre ellos monedas, vidrios, objetos metálicos y cerámicas medievales de bandas rojas y spiral ware fechadas entre los siglos VII y XIII.
La visita
La fortaleza es propiedad de la Provincia de Salerno, que la compró en 1960 a los condes Quaranta, señores de Fossalopara. Una importante intervención de restauración iniciada en 2000 recuperó las fábricas murarias, las cañoneras y la Bastiglia, e instaló un ascensor dentro de una cisterna para hacer accesibles los niveles intermedios. El recorrido museístico se apoya en pantallas y equipos de audio que explican la evolución histórica y la geografía del conjunto, y te permite caminar por las murallas y los fosos restaurados.
El consejo de la redacción
En el hipogeo bajo la terraza de la turris maior, fíjate bien en los restos de los frescos de santa Catalina de Alejandría y san Leonardo: son un testimonio pictórico raro dentro de unos espacios destinados históricamente a la reclusión de presos.
