Es la única iglesia renacentista de Turín, y está en medio de una ciudad barroca como una nota fuera del coro. La fachada de mármol blanco con tres portales mira a la piazza San Giovanni, pegada al teatro romano y a las murallas antiguas, donde en la Alta Edad Media se alzaban tres iglesias lombardas; los Saboya las hicieron derribar para construir una sola. La primera piedra la puso Blanca de Montferrato, regente del ducado, el 22 de julio de 1491; el toscano Meo del Caprino la levantó en pocos años y se consagró en 1505.
Qué ver
La razón por la que la catedral es famosa en el mundo está detrás del altar: la Sábana Santa, llegada a Turín en 1578 con los Saboya, custodiada hoy en una urna bajo la Tribuna Real y mostrada solo en las grandes ostensiones. Para ella Guarino Guarini construyó la capilla con la cúpula en espiral, terminada en 1694 tras veintiocho años de obras, con los mármoles que desde el negro de la base se aclaran al subir hacia la luz. El incendio de la noche del 11 al 12 de abril de 1997 la devastó; la reliquia fue puesta a salvo por los bomberos y la capilla reabrió el 27 de septiembre de 2018.
En la iglesia busque el políptico de los santos Crispín y Crispiniano de Giovanni Martino Spanzotti, la copia de la Última Cena de Leonardo pintada por Luigi Cagna y colgada en la contrafachada, y la tumba de Pier Giorgio Frassati, el joven turinés proclamado santo, meta de peregrinación continua. Fuera, el campanario románico es anterior a la catedral: Juvarra lo elevó en 1720 hasta los sesenta metros.
La visita
La entrada a la catedral es libre; la capilla de la Sábana Santa se visita por el recorrido de los Musei Reali, que llegan a ella desde el Palacio Real contiguo. Bajo la iglesia, la cripta de iguales dimensiones alberga el Museo Diocesano. La plaza está a dos pasos de la piazza Castello y de la Porta Palatina, y en pocos minutos se pasa de la Turín romana a la de los duques.
El consejo de la redacción
Deténgase bajo la Tribuna Real antes de salir: es el palco del siglo dieciocho desde el que los soberanos seguían la misa sin bajar entre la gente, y bajo él descansa hoy la Sábana Santa. En una sola mirada se tienen juntas la dinastía, la reliquia y la catedral, que en Turín son la misma historia. Si le toca un día de ostensión, la cola empieza al amanecer.
