El nombre engaña: esta iglesia del barrio Saccara, en Caltanissetta, no nació dedicada a san Antonio. En su fundación, hacia el siglo XVIII y con las ofrendas de los fieles, llevaba el título de Santa Maria di Montemaggiore. Tomó el nombre con el que hoy la conocen los niseños solo después de la Primera Guerra Mundial, cuando se trasladó allí la estatua del santo de Padua y la antigua iglesia dedicada a él estaba ya destruida.
Qué ver
La fachada se desarrolla en dos órdenes, sin elementos decorativos de relieve, y culmina en una espadaña: una sobriedad que cuenta los orígenes populares del edificio, crecido paso a paso gracias a las ofrendas del barrio. La ampliación de verdad llegó en 1866, cuando los sacerdotes Giuseppe Polizzi y Alfonso Tumminelli iniciaron las obras para agrandar la pequeña iglesia, necesarias tras el cierre de la cercana iglesia de Santa Flavia. El 30 de abril de 1877 el edificio se reabrió al culto y pasó a ser sucursal de la parroquia, que entonces coincidía solo con la catedral. Dentro, en el altar mayor, se conserva una pequeña estatua de san Antonio de Padua en el gesto de ofrecer el pan a los pobres: es la imagen en torno a la cual gira toda la identidad actual de la iglesia.
La visita
Hoy Sant'Antonio alla Saccara es una rectoría, y su vida cotidiana es la recogida de una iglesia de barrio. Tiene, sin embargo, una historia densa a sus espaldas: en 1881 el obispo monseñor Guttadauro instituyó allí la Pia Unione di Sant'Agnese para la formación de las catequistas, y desde 1911 creció a su lado el instituto Boccone del Povero, que después de la guerra acogió a las huérfanas de los caídos. Fueron las monjas bocconistas, que permanecieron hasta finales del siglo XX, quienes ataron el edificio a la devoción por san Antonio. El momento en que la iglesia se anima de verdad es el de la tredicina, los trece días de oración que preceden a la fiesta del santo.
El consejo de la redacción
Programa la visita en los días de la tredicina, justo antes del 13 de junio: es el único periodo en que esta rectoría por lo demás silenciosa vuelve a llenarse de fieles, y se capta el sentido de una devoción que ha cambiado incluso el nombre a la iglesia. En las otras estaciones conviene informarse con antelación de los horarios, que siguen el ritmo recogido de la rectoría.
