En 1965 un cirujano palermitano, Antonio Pasqualino, empezó a comprar los «mestieri» de los titiriteros que cerraban: pupi, telones, carteles pintados, libretos, todo lo necesario para montar una función. Con su mujer, Janne Vibaek, y un grupo de estudiosos acababa de fundar la Asociación para la conservación de las tradiciones populares, y el motivo estaba claro: la Italia del milagro económico había vaciado los teatrillos de la Opera dei pupi, el público ya no iba y los titiriteros malvendían o regalaban cuanto tenían. Diez años después, en 1975, aquella recolecta se convirtió en museo. Los dos núcleos iniciales venían de la escuela palermitana, con el equipo de la familia de Gaspare Canino, y de la catanesa, del teatro de Natale Meli. Pasqualino murió en 1995; en mayo de 2001 la UNESCO proclamó la Opera dei pupi Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, inscrita en 2008 en la Lista representativa.
Qué ver
La colección supera las 5.000 figuras y el recorrido ocupa tres plantas. En la baja están la taquilla y la librería; al subir se atraviesa el teatro de figuras de medio mundo: las sombras indonesias del wayang kulit y del wayang klitik, el sbek thom camboyano, las sombras indias, las marionetas birmanas, el bunraku japonés, los rukada de Sri Lanka, las marionetas sobre agua vietnamitas, los títeres de guante coreanos, las figuras africanas y europeas. El fondo siciliano sigue siendo el más completo que existe, con pupi de escuela palermitana, catanesa y napolitana; al lado están las marionetas de artista nacidas de las producciones del museo, hechas a lo largo de los años con Italo Calvino, Renato Guttuso, Tadeusz Kantor, Enrico Baj y Francesco Pennisi.
La biblioteca que lleva el nombre de Giuseppe Leggio reúne 30.000 volúmenes sobre pupi, marionetas y tradiciones populares, junto a manuscritos decimonónicos de los titiriteros y los pliegos de cordel de donde salían las historias de paladines. Hay además un archivo multimedia de fotografías, grabaciones sonoras y vídeos, y una sala con programación teatral continua. Al museo le fueron concedidos el premio antropológico Costantino Nigra en 2001 y, en octubre de 2017, el premio ICOM Italia al museo del año.
La visita
La dirección es piazzetta Antonio Pasqualino 5, un ensanche discreto a pocos pasos de piazza Marina, en la Kalsa: se llega solo a pie, y quien busque la entrada desde la calle principal corre el riesgo de pasar de largo. Las tres plantas piden una hora larga, más si uno se detiene en los rótulos, que explican con claridad cómo se maneja un pupo y en qué se distingue la escuela palermitana de la catanesa. Las funciones no se celebran todos los días: conviene mirar el calendario antes de elegir la fecha.
El consejo de la redacción
No os quedéis en las vitrinas: reservad una función en la sala del museo. Los pupi están hechos para verse en movimiento, con la voz del puparo haciendo todos los papeles y el golpe de pie sobre las tablas marcando los duelos; colgados de un hilo tras un cristal cuentan la mitad. Y si estáis en la ciudad durante el Festival di Morgana, la muestra que desde 1985 abrió la vieja reseña de la Opera dei pupi a compañías de todo el mundo, el programa por sí solo llena el día.
