De este palacio solo existe un trozo: dos vanos de orden gigante que se alzan sobre la plaza y acaban en la nada. Palladio lo proyectó hacia 1571 para Alessandro Porto, la obra empezó y después se detuvo; el comitente no demolió la vieja casa de familia, que debía desaparecer a medida que avanzaba el edificio nuevo, y el palacio quedó así.
Qué ver
El fragmento impresiona precisamente porque está inacabado: las columnas enormes, la cornisa, y detrás el vacío. A la izquierda se ve todavía la casa de los Porto del siglo quince, la que debía derribarse, y el punto en que las demoliciones se detuvieron se lee a simple vista.
La monumentalidad era deliberada: el palacio debía hacer de telón de fondo de la plaza del castillo, dominando el espacio abierto de delante, con la misma lógica que Palladio había ensayado pocos años antes en la logia de la plaza principal. Quizá contó también la rivalidad con la familia que poseía el palacio palladiano al otro extremo de la misma plaza.
La visita
El palacio está en piazza Castello, al inicio del corso Palladio, a cinco minutos de la basílica palladiana; es privado y no se visita, pero el fragmento se mira desde la plaza, mejor desde el lado opuesto. Un cuarto de hora.
El consejo de la redacción
Póngase al otro lado de la plaza y observe la juntura entre la casa vieja y el palacio nuevo: ahí está el momento exacto en que un comitente decidió que la obra costaba demasiado. Es un edificio que muestra a la vez el proyecto y su interrupción, y en arquitectura eso es rarísimo de ver.
