Es una de las iglesias más antiguas de Rávena, del siglo quinto, y está a pocos pasos de la tumba de Dante. Se construyó frente a un río que ya no existe, el Padenna, cuyo curso repite hoy la principal calle comercial. Quien la mira desde la calle no imagina que el suelo que va a pisar está dos metros y medio más alto que el original.
Qué ver
El interior tiene tres naves sobre columnas, con el monograma de uno de los obispos fundadores en la nave central; el aspecto actual viene de las restauraciones de principios del siglo veinte, que quitaron los añadidos y devolvieron las formas paleocristianas. El ábside se construyó después, con el dinero del banquero ravenés que había pagado también San Vitale.
Aquel ábside estaba cubierto de mosaicos, y los perdió todos en una noche: en abril de 1688 un terremoto los hizo caer, y solo quedan algunos fragmentos en los derrames de las ventanas. Tras la sacudida se elevó el suelo y el ábside, ya desnudo, se llenó de mobiliario barroco. En las naves laterales hay cuatro altares del siglo dieciséis, colocados cuando se construyó el campanario.
La visita
La basílica está en via Mazzini, a cinco minutos de piazza del Popolo y de la tumba de Dante; entrada libre, con horarios ligados a los oficios y posibles cierres a primera hora de la tarde. Media hora.
El consejo de la redacción
En el jardín ante la iglesia, que era el cementerio, busque al pie de la fachada los dinteles de las dos puertas laterales: están enterrados, porque son las puertas de la iglesia antigua, quedadas bajo el nivel de hoy. Allí se ve a simple vista cuánto se ha hundido Rávena, y nada explica mejor la ciudad.
