San Clemente es la parroquial de Bellinzago y uno de los testimonios antonellianos del Novarese. Una iglesia dedicada aquí a san Clemente papa se cita ya en 1347; el edificio se rehízo en el siglo dieciséis y fue consagrado el 20 de septiembre de 1595 por el obispo Carlo Bascapè. Aquella iglesia tenía una sola nave, cuatro ventanitas en el lado sur y una sola en el norte. El campanario llegó en 1724 y se sobreelevó en 1827.
Qué ver
A comienzos del siglo diecinueve la iglesia ya no bastaba, y el párroco don Serafino Bellini empezó a empujar para la reconstrucción: dentro sigue su busto de mármol, obra de Giuseppe Argenti, con la epígrafe conmemorativa. El diseño se encargó a Alessandro Antonelli y la primera piedra se puso el 12 de abril de 1837. Durante la obra el proyecto se redujo por demasiado costoso: cayeron el campanario, el crucero con las dos capillas laterales y los pórticos de coronamiento exterior. La consagración llegó el 17 de noviembre de 1844, pero la iglesia nunca se completó; tras la muerte de Antonelli su hijo Costanzo, ingeniero, añadió de forma asimétrica la cripta de los mártires Pacifico y Cristina.
La visita
La fachada que se ve no es la prevista. El último proyecto, de 1888, la quería demoler para alargar la nave y añadir un pronaos hexástilo corintio; no se hizo nada, y en los años treinta del siglo veinte el arquitecto Giovanni Lazanio la rehízo en estilo barroco. Hoy lleva nueve estatuas: las santas Cristina y Teresa, los santos Adolfo, Grato de Aosta, Clemente papa, Francisco de Asís, Juan Bosco y Pacifico, y María Auxiliadora.
El consejo de la redacción
Mirar la bóveda. Es de cañón con casetones, decorada con elementos florales y con un ciclo de escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento pintado por Rodolfo Gambini. Entre las obras, el altar lateral conserva una Cena de Emaús de Michele Cusa y un lienzo con la Virgen y santo Domingo de Angelo Capisani. Y conviene saber de antemano que de Antonelli aquí se ve la planta, no la idea entera: el proyecto de verdad se quedó en el papel.
