El Mulino Vecchio está a lo largo de la Roggia Molinara, dentro del parque natural del valle del Tesino, y sigue funcionando. Su construcción se sitúa entre 1484, cuando se empieza a excavar la acequia, y 1545, cuando su presencia aparece en un inventario de los bienes de Ippolito del Mayno, feudatario ligado a los Sforza. Más tarde el molino fue rescatado por la comunidad de Bellinzago y reformado de arriba abajo en 1718: la fecha está grabada en el muro exterior que da al agua.
Qué ver
El conjunto lo forman el edificio del molino con establo, pórtico y pocilga, y una casa con torreón y patio. En la planta baja está la sala de muelas, con la maquinaria en su sitio: un altillo de madera que aloja tres pares de muelas, las ruedas de piedra protegidas por un cajón circular, y encima la tolva de alimentación; debajo, los recipientes que recogen la harina. Sobre la tolva hay una alarma que vale por sí sola la visita: una campanilla y una silueta de madera con forma de pájaro que avisan cuando se ha acabado el grano. Al lado, un cuarto con la cocina y el horno de pan. En la planta alta una muestra permanente reúne documentos y objetos del trabajo agrícola y molinero.
La visita
Fuera, en la acequia, giran tres ruedas hidráulicas de hierro, cada una en su canal de piedra; al lado corre un cuarto canalillo, la spazéra, que sirve para regular el nivel y la salida del agua. El establo acoge hoy talleres didácticos, muestras temporales y proyecciones: el molino pasó al consorcio del parque en 1985 y se convirtió en centro regional de educación ambiental.
El consejo de la redacción
La historia de las propiedades cuenta el pueblo mejor que muchas crónicas: confiscado por el Estado napoleónico entre 1813 y 1814, vendido a particulares, comprado en 1925 por los Ambrosetti, molineros de Bellinzago, que lo ampliaron, y por fin cedido al parque. Quien lleve niños que pida hacer girar las ruedas: el ruido del agua y de la piedra explica el oficio en treinta segundos.
