En 1453, durante una guerra entre el ducado de Saboya y el Delfinado, unos soldados saquearon una iglesia de montaña y se llevaron también la custodia con la hostia consagrada. Al llegar a Turín, dice el relato, el mulo que llevaba el saco se desplomó en medio de la plaza del mercado, la carga se abrió y la hostia se elevó luminosa en el aire, quedándose allí hasta que el obispo llegó con un cáliz. En ese punto exacto, siglo y medio después, la ciudad construyó esta iglesia.
Qué ver
La basílica se empezó en 1607 según proyecto de Ascanio Vitozzi y es uno de los edificios que dieron a Turín su aspecto: interior de una sola nave, mármoles de colores, estucos dorados y la solemnidad algo fría de la arquitectura saboyana. No es una iglesia de obras maestras, es una iglesia de ceremonias de Estado.
El punto central está en el suelo: una losa rodeada por una barandilla señala el sitio donde, según la tradición, cayó el mulo. Es el centro civil y religioso del Turín antiguo, el lugar al que la ciudad se ha atado en los momentos difíciles, de las guerras a las epidemias. Al lado está el palacio de Ciudad, es decir el ayuntamiento, y no es casualidad.
La visita
La iglesia está en via Palazzo di Città, a cinco minutos de la piazza Castello y otros tantos de Porta Palazzo; entrada libre, cierre a mediodía y durante los oficios. Veinte minutos. La plaza de delante es uno de los espacios menos concurridos del centro, y está a dos pasos del mercado más grande de Europa.
El consejo de la redacción
Busque la barandilla en el suelo y mire la losa: es la razón por la que existe todo el edificio, y es del tamaño de una mesita. Salga después y recorra los cien metros hasta Porta Palazzo: se pasa del lugar del milagro al mercado que cada mañana llena de gente y de voces la misma zona de la ciudad, y es la secuencia que explica Turín mejor que cualquier museo.
