Este convento acabó dos veces, de dos maneras distintas. La primera en 1866, cuando el Estado suprimió las órdenes religiosas y el hospicio de los capuchinos de Villarosa cerró por ley. La segunda en 1978, cuando cerró solo, por falta de vocaciones. Hoy es una ruina.
Qué ver
Entre los dos cierres está la historia de un hombre. El padre Felice Pirello, capuchino nacido en Villarosa, después de haber sido ministro provincial y luego consejero general de la Orden se retiró al convento de Calascibetta y se empeñó en devolver los frailes a su propio pueblo. Lo consiguió: en 1886 los capuchinos compraron un terreno en la contrada Acquanova.
Las obras acabaron dos años después, y a principios de 1889 el convento fue erigido canónicamente y la iglesia dedicada a la Virgen de las Gracias. A mediados del siglo veinte, cuando los frailes ya eran pocos, el edificio se destinó a orfanato durante unos quince años. Luego el silencio.
La visita
Los restos están en Villarosa, provincia de Enna, en el corazón de Sicilia; es una ruina abandonada, así que se mira desde fuera y no se entra. Un cuarto de hora.
El consejo de la redacción
Mire las dimensiones. Un pueblo pequeño del interior siciliano construyó, a finales del siglo diecinueve, un conjunto pensado para una comunidad de frailes, con la iglesia, los alojamientos y los espacios comunes. Un siglo después no había bastantes personas dispuestas a entrar. No fue una ley la que lo cerró la segunda vez: fue la aritmética.
