Los Florio eran la familia más rica de Sicilia: almadrabas, barcos, vino de Marsala, azufre. A finales del siglo diecinueve encargaron a Ernesto Basile una villa en su parque de Palermo, y en 1899 empezaron las obras: salió uno de los manifiestos del liberty italiano, con la torrecilla, las ventanas irregulares y la piedra trabajada como si fuera blanda.
Qué ver
El edificio juega con volúmenes distintos que se encajan: una torre cilíndrica, un cuerpo con logia, los tejados inclinados, ventanas de formas nunca iguales. Los materiales están mezclados a propósito, piedra, ladrillo, hierro y madera, según el gusto que en aquellos años quería romper la regularidad de la arquitectura decimonónica.
En 1962 un incendio intencionado destruyó los interiores y parte de la estructura. El villino quedó durante décadas como una ruina vallada en medio de la ciudad, y se restauró mucho más tarde: hoy se visita y se usa para actos, pero el mobiliario original se perdió y quedan las arquitecturas.
La visita
El villino está en viale Regina Margherita, en la zona de la Olivuzza, a diez minutos del Teatro Massimo; las aperturas dependen de visitas guiadas y actos, así que conviene comprobarlo. Media hora.
El consejo de la redacción
Dele la vuelta mirando los detalles: las ménsulas, las barandillas, los motivos vegetales tallados en las esquinas. Recuerde después que esta era una casa de familia dentro de un parque privado grande como un barrio, y que de aquel parque quedan hoy las calles y los edificios construidos en su lugar.
