El patrono de Teramo es san Berardo, obispo de la ciudad, festejado el 19 de diciembre, día de su muerte en 1122. Nacido en la segunda mitad del siglo XI en la noble familia de los Pagliara, entró muy joven en la abadía de Montecassino y pasó después a la de San Giovanni in Venere; a la muerte del obispo Uberto, fue llamado al episcopado en virtud de la fama de santidad que ya lo acompañaba.
Sus restos fueron sepultados en la antigua catedral, en la capilla hoy dedicada a Santa Ana: uno de los pocos edificios que se libraron del incendio que en 1156 destruyó la ciudad, obra según la tradición del ejército normando guiado por Roberto de Loritello. Hacia 1174, por iniciativa del obispo Attone, el cuerpo del santo fue trasladado a la nueva catedral, donde permaneció seiscientos años en la cripta, antes de ser colocado definitivamente, en 1776, en la capilla erigida en su honor a expensas de los teramanos. Cada año, el día de su solemnidad, durante la misa oficiada por el obispo, el alcalde ofrece al santo un cirio, homenaje de la comunidad siempre devota de su patrono, mientras que al final de la ceremonia el obispo bendice la ciudad en la plaza de la catedral con las reliquias del santo, el busto y el brazo.