En el portal hay tallada una paloma, imagen del Espíritu Santo: de ahí viene el nombre del santuario de Santa Maria della Palomba, que se alza fuera de Matera sobre un espolón asomado a la Gravina. El edificio se construyó en 1580, pero no partió de cero: debajo ya había un núcleo rupestre, la cripta de Santa Maria della Palomba, excavada en la toba, y la iglesia nueva se le superpuso sin borrarla.
Qué ver
La fachada es de traza románica. En el centro se abre un rosetón, sobre el cual una hornacina acoge la estatua de san Miguel Arcángel, mientras que en el dintel del portal corre la Sagrada Familia esculpida en toba por Giulio Persio. A un lado, en vez de campanario de torre, hay una espadaña: un muro calado, poco más que fábrica, con las campanas colgadas en los vanos.
Dentro, la planta es de nave única con bóveda de cañón y capillas a ambos lados, llenas de frescos y de estatuas. Detrás del altar destaca el fresco de la Virgen Odigitria, de los siglos XIII y XIV: es dos o tres siglos más antiguo que la iglesia que lo contiene, y da fe de una devoción que aquí existía mucho antes de 1580.
La visita
El santuario no está en la ciudad sino en los alrededores de Matera, a lo largo de la Gravina, así que hay que contar con un desplazamiento. El orden correcto de la visita va de arriba abajo: primero el portal y el rosetón por fuera, luego la nave y las capillas, y al final la parte más antigua, porque desde el presbiterio se pasa a la iglesia rupestre excavada por completo en la toba. La diferencia de temperatura entre los dos ambientes se nota en la piel.
El consejo de la redacción
Antes de entrar, quédense unos minutos ante el portal y busquen la paloma: es el detalle que dio nombre al santuario y está tallado en la misma piedra blanda que la Sagrada Familia de Giulio Persio. Después, ya dentro, no salgan por la puerta principal sin haber pedido bajar a la cripta: es la parte que estaba antes que todo lo demás.
