Ortueri está en la Barbagia del Mandrolisai, entre alcornoques y encinas, y parece el sitio más cerrado del mundo: y sin embargo casi todo lo que se encuentra en su tierra viene de fuera. La obsidiana esparcida en varios puntos del territorio — hojas, laminillas, raspadores — en Cerdeña existe solo en los yacimientos del Monte Arci, a unos cincuenta kilómetros hacia el suroeste, de modo que alguien iba a buscarla o la recibía. Y en época nurágica se llegó mucho más lejos: del territorio proceden dos fragmentos de lingotes en piel de buey, y los análisis dicen que el cobre del que están hechos viene de Chipre. Junto con un hacha plana de cobre, hacen pensar en un área votiva o en un lugar donde se trabajaban los metales. El pueblo del interior, en suma, estaba dentro del comercio del Mediterráneo.
Lo que sí es de aquí es la piedra, y se ve en el modo en que están construidos los nuragas. Donde el terreno es granítico los muros son irregulares, hechos de bloques poligonales apenas desbastados; donde aflora la traquita rosa, en el límite con Samugheo, los bloques están tallados con cuidado, en T o en cuña, y colocados en hiladas regulares, como en los nuragas de Nuracche. Y donde había un bloque errático o un espolón de roca, los constructores lo incorporaban a la estructura: se ahorraba el transporte y el edificio quedaba anclado a su base. El territorio conserva también menhires, entre ellos uno cilíndrico y sin figuras, de granito local, de poco más de tres metros de alto; y en Mui Muscas, donde en los años cincuenta unas obras de repoblación sacaron de medio metro de profundidad una docena de grandes cuchillos de piedra finamente trabajados, hoy está el parque municipal del asno sardo.