En 1478, cuenta la tradición, la Virgen se apareció aquí a un pastorcillo mudo que, al verla, recuperó el habla y corrió a avisar al pueblo. Los vecinos que acudieron encontraron sobre un haya una talla de madera de la Virgen: es la que sigue hoy en la hornacina del presbiterio. El santuario nació de aquel episodio, con el consentimiento del papa Inocencio VIII que recoge un texto de 1486, y lo quiso el fraile agustino Battista Poggi.
Qué ver
El interior tiene tres naves y los arcos apuntados delatan una fábrica tardogótica, mientras que los estucos dorados y el altar mayor de mármol polícromo son barrocos. En la sillería de madera, tallada en 1585, hay un recuadro con el Bautismo de san Agustín de Ottavio Semino; en el costado izquierdo un fresco de Giovanni Quinzio narra la aparición y la construcción del santuario. La talla de la Virgen no tiene autor conocido: los historiadores del arte la clasifican como acheropita, no hecha por mano humana, y su origen podría ser bizantino.
La visita
El santuario está en via Santuario, junto a la carretera provincial, y desde el pueblo se llega a pie cruzando el puente de los Doria. El convento contiguo guarda más de lo que se espera: en el claustro inferior una muestra fotográfica permanente sobre los lugares de culto del valle del Trebbia, arriba el museo de lo sagrado y el de la cultura campesina del alto valle. En el refectorio, hoy capilla, quedan dos frescos de autor desconocido: una Vida de san Agustín y una Última Cena que algunos han querido acercar a Leonardo por ciertos parecidos con la de Milán. Es una hipótesis, no una atribución.
El consejo de la redacción
Pida ver el refectorio: la Última Cena no está en la iglesia, y quien entra solo por la portada principal se la pierde. Y mire la fachada sabiendo que es de 1897: lo que parece la parte más antigua es en realidad la más reciente.
