Rafael nació aquí en 1483, en una casa de via del Monte en Urbino, y no era la casa de un señor: era la de un pintor de corte, su padre Giovanni Santi, que en la planta baja tenía el taller. El niño creció entre colores por moler y tablas por preparar, y aprendió el oficio antes de saber que se convertiría en Rafael.
Qué ver
Las habitaciones están amuebladas con mobiliario de época y conservan el aspecto de una vivienda de artesanos acomodados del siglo quince. En una se ve la chimenea, en otra el patio interior con la piedra sobre la que se molían los pigmentos: son las herramientas de un trabajo, no las reliquias de un genio.
En la pared de una sala hay un fresco con una Virgen amamantando al niño, y los estudiosos discuten desde siempre si es obra del padre o del hijo jovencísimo. En las demás salas hay copias, estampas y documentos sobre la familia y sobre la Urbino de aquellos años, cuando la ciudad era una de las cortes más cultas de Europa.
La visita
La casa está en via Raffaello, en la cuesta que lleva a la fortaleza, a cinco minutos del Palacio Ducal; entrada de pago, día de cierre semanal y horarios reducidos en invierno. Media hora.
El consejo de la redacción
Baje al patio y párese ante la piedra de moler: es el objeto más concreto de la casa. Desde allí, mirando por la puerta, se ve la calle en cuesta de un pueblo de provincias; a doscientos metros estaba el palacio del duque, con los mejores artistas de Italia entrando y saliendo. En esos doscientos metros cabe toda la historia.
