El complejo fortificado medieval de Salto está en una altura que domina la aldea. No es un castillo entero: lo que queda es la torre de piedra y, dentro del recinto amurallado, la capilla de San Pietro. Las ruinas se ven desde abajo y dibujan todavía el perímetro de lo que hubo.
Qué ver
El edificio pertenecía a la familia Silvesco, condes de Salto y coseñores de Cuorgnè, y pasó después a vasallos menores, los Grassi y los Aira. Es la trayectoria típica de los castillos canavesanos: una casa de rango que ocupa la altura, luego la fragmentación entre familias más pequeñas, y por fin el abandono cuando el sitio ya no defiende nada.
La visita
Se llega a la aldea de Salto y se mira el complejo desde fuera: son ruinas, no un monumento visitable, y el valor está en la posición. Desde allí se entiende por qué se eligió esa altura y no otra, es decir qué se veía llegar desde lejos.
El consejo de la redacción
La capilla dentro de las murallas es el detalle que hay que tener presente: en los complejos fortificados canavesanos la iglesia está a menudo dentro del recinto y no en el pueblo, porque servía primero a los señores y solo después a todos los demás. Es la misma lógica de las casas fuertes de la llanura, aplicada aquí en altura.
