La Bizzarrìa es un pabellón de caza que Víctor Manuel II mandó construir hacia 1860 dentro de lo que hoy es el parque natural de la Mandria. El nombre viene de la arquitectura, ecléctica y fantasiosa hasta el extremo. El rey la quiso también como residencia para sí mismo, para Rosa Vercellana, la Bela Rosin, y para sus dos hijos Vittoria y Emanuele.
Qué ver
La planta es triangular, con tres torres cilíndricas en los vértices que forman una sala hexagonal, antaño repetida en tres niveles. Se sube por dos escaleras elípticas, o por una escalinata de doble rampa semicircular que lleva a la terraza: desde allí, a través de los pórticos del cuerpo central saliente y de las torretas, se entra en el salón. Dentro y fuera hay frescos de ramaje y de trampantojo.
La visita
El edificio se levantó entre 1861 y 1862 por la empresa del arquitecto tesinés Leopoldo Galli, que en aquellos años dirigía toda la obra de la finca: el muro de cerca, los caminos, los puentes, los edificios de servicio y de guardia. Del mismo plan formaba parte un segundo pabellón de caza, la Villa dei Laghi, levantado en los mismos años junto a un lago artificial.
El consejo de la redacción
La restauración es lo más interesante. El abandono había hecho caer las bóvedas una sobre otra, dejando un único espacio central; entre 1975 y 1981 Roberto Gabetti y Aimaro Isola no lo reconstruyeron, sino que lo mantuvieron así. Fuera y en las salas perimetrales la reconstrucción es filológica; en el centro, las dos bóvedas que faltan están marcadas por anillos de espejo sobre paneles ligeros, y la luz que entra multiplica las imágenes como un caleidoscopio.
