Este museo ha quedado como era cuando se montó: armarios de madera oscura, cristales, etiquetas escritas a mano, y dentro los preparados anatómicos que servían para enseñar medicina antes de que hubiera fotografías y modelos de plástico. Está en el edificio de los institutos anatómicos de la universidad de Turín, adonde llegó a finales del siglo diecinueve.
Qué ver
Hay esqueletos, cráneos, preparados de órganos, modelos en cera y en yeso, instrumentos quirúrgicos y las colecciones reunidas por los profesores del siglo diecinueve, entre ellas la dedicada al cerebro y al sistema nervioso. El museo lleva el nombre del anatomista que estudió las circunvoluciones cerebrales y al que se dedica una cisura del cerebro.
La sala en sí es lo que impresiona: la disposición decimonónica, con los objetos alineados por series y las cartelas originales, muestra cómo se pensaba y se enseñaba la medicina en aquel siglo. En el mismo edificio hay otros museos universitarios, entre ellos el de antropología criminal, discutido desde hace años por la manera en que expone restos humanos.
La visita
El museo está en corso Massimo d'Azeglio, cerca del parque del Valentino, a quince minutos a pie de piazza Vittorio; entrada de pago, a menudo conjunta con los demás museos universitarios, con día de cierre semanal. Una hora.
El consejo de la redacción
Mire las ceras y los modelos pensando en quién los usaba: estudiantes que no tenían fotografías, no tenían películas y veían un cuerpo abierto pocas veces al año. Aquellos objetos eran el libro de texto, y para hacerlos hacían falta artesanos capaces de esculpir un músculo con la precisión de un anatomista.
