Detrás de la fachada del siglo dieciocho, bajo los pórticos de la piazza Castello, hay una sala de los años setenta en forma de concha, roja, con un techo de luces colgantes que parece un cielo al revés: Carlo Mollino la construyó después de que el incendio de febrero de 1936 destruyera todo lo demás, y la inauguró el 10 de abril de 1973 con las Vísperas sicilianas dirigidas en escena por Maria Callas. El teatro que Benedetto Alfieri había abierto el 26 de diciembre de 1740 para Carlos Manuel III había sido el modelo de todos los teatros a la italiana, Scala incluida, por orden del emperador; y aquí Puccini hizo nacer Manon Lescaut en 1893 y La bohème en 1896, con Toscanini en el podio.
Qué ver
La fachada de ladrillo de Alfieri, con el pórtico que continúa el de las Secretarías de Estado y hace esquina en la plaza, patrimonio mundial desde 1997 con las residencias saboyanas: era la puerta de un teatro de corte, unido al Palacio Real por una galería de ciento veintitrés metros por la que el rey llegaba a su palco sin salir. El resto es Mollino, el arquitecto turinés que diseñaba sillas, coches de carreras y casas para sí mismo y para sus fotografías: la verja de bronce de Umberto Mastroianni, el vestíbulo con las escaleras de caracol de hierro, y la sala elíptica con los palcos que giran como una fila de ventanas, la platea en ola y la lámpara de tubos de plexiglás, más de mil setecientas luces, que baja del techo como una lluvia detenida.
El teatro de Alfieri sobrevive en las láminas de la Enciclopedia de Diderot, donde fue presentado como el teatro de ópera más perfecto de Europa, y en una carta del canciller de Viena que ordenaba a Piermarini tomarlo como modelo para Milán. La temporada va de octubre a junio con ocho o nueve títulos; el coro y la orquesta del Regio están entre los mejores de Italia y el teatro recorre el mundo.
La visita
El Regio está en la piazza Castello, junto al Palacio Real y los Museos Reales; además de los espectáculos se visita con recorridos guiados en fechas fijas, con el escenario, los talleres y la sala vacía. Una entrada de ópera en el gallinero cuesta lo que un aperitivo en el centro, y es la manera correcta: la sala de Mollino solo se entiende desde dentro, con la luz que cambia.
El consejo de la redacción
Coja un sitio arriba, en la última fila de la elipse, y llegue pronto: desde allí se ve la sala entera llenarse bajo las luces de Mollino, y es un espectáculo antes del espectáculo. Y si el título es La bohème, piense que nació aquí, en una sala que ya no existe, ante un público tibio: la segunda noche ya era otra historia.
