La fiesta arranca sin ruido el último domingo de enero, cuando la imagen de san Blas baja de su hornacina; siguen el triduo, la bendición de las velas ligada a la Candelaria y, el 3 de febrero, la procesión que sale de la iglesia de San Sebastiano. Al regreso, los fieles hacen cola para la bendición de la garganta, impartida con dos velas cruzadas.
El culto está documentado desde alrededor de 1535, cuando los vecinos eligieron al obispo mártir como protector — según la tradición, tras una epidemia — junto a la Madonna Annunziata, patrona de la ciudad. La edición de 2026 se celebró, como siempre, el 3 de febrero.
