El nombre significa absolutamente nada. Entre finales del siglo doce y comienzos del trece subieron hasta aquí mineros alemanes a buscar metales, y no encontraron nada: gar nichts, dijeron, y el lugar se quedó con el nombre. Ellos, sin embargo, se quedaron, y de mineros pasaron a pastores, leñadores y caleros; los apellidos del pueblo lo siguen diciendo, Coser por quienes cocían la roca para hacer cal, Carbonari por quienes hacían carbón. Hacia 1600 un cronista tirolés anotaba que aquí se hablaba una lengua a medio camino entre el alemán y el italiano.
La iglesia vieja está dedicada a san Osvaldo, un santo que en Italia casi no se venera en ninguna parte y en el Tirol sí. El pueblo está a ochocientos metros en el monte Bondone, a pocos kilómetros de Trento, y aun así la carretera llegó solo en 1956: desde aquel año los jóvenes empezaron a bajar al valle a trabajar y abrieron tres hoteles. Aquí no se curaba con agua sino con hierba: enterrados en hierba segada puesta a fermentar, que alcanza entre cincuenta y cinco y sesenta grados. El balneario hoy está cerrado.
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