Este castillo son dos edificios en uno. En el siglo catorce los señores del lugar construyeron un bloque cuadrado con cuatro torres redondas almenadas en las esquinas, para defenderse; en el dieciocho sus descendientes, que necesitaban una residencia cómoda y no una fortaleza, levantaron alrededor un palacio barroco dejando las torres a la vista. El resultado se lee de un vistazo.
Qué ver
Desde abajo se ven las cuatro torres medievales de piedra que asoman en las esquinas de un cuerpo del siglo dieciocho con logias, ventanas regulares y revocos claros. Es una superposición declarada: quien hizo las obras no escondió el castillo viejo, lo incorporó e hizo de él un adorno.
Dentro, el recorrido muestra las salas con frescos, las chimeneas, las dependencias de servicio y las partes medievales conservadas. El castillo se restauró durante años y se puede volver a visitar desde 2022, con un montaje que explica las fases constructivas. Alrededor están los viñedos en bancales del valle, que llegan hasta los muros.
La visita
El castillo está en Aymavilles, a quince minutos en coche de Aosta por la carretera de Cogne; entrada de pago, con día de cierre semanal y horarios estacionales. Hora y media.
El consejo de la redacción
Párese en la carretera antes de llegar y mire el castillo de lejos, con los viñedos delante: desde ahí se ve que las torres y el palacio son de dos épocas y de dos mentalidades, y que alguien decidió mantenerlos juntos en vez de elegir. En el Valle de Aosta es un caso único.
