Una inscripción en el lado norte dice quién lo pagó: Gayo Avilio Caimo, de Padua, uno de los gestores de la mina cercana, con su propio dinero, en el 3 a.C. La palabra PRIVATVM ocupa el centro del texto, y se entiende por qué le importaba.
Qué ver
El puente mide 60,46 metros de largo y 2,26 de ancho, y salva la garganta del Grand Eyvia en el único punto practicable: aquí la hoz se estrecha a doce metros pero cae 66. Su arco único tiene una luz de 14,24 metros. En el nivel inferior corre un corredor de 50,35 metros, que servía para comprobar la estanqueidad de la conducción de arriba: dos hileras de ventanucos lo iluminan, los bajos sobre el suelo y los altos sobre el techo, para que el guarda detectara enseguida las fugas. En origen los niveles eran quizá tres, con una altura total de 22,15 metros.
La visita
Por el canal donde pasaba el agua camina hoy un sendero de excursión. Durante siglos se creyó que el puente servía para transportar el mineral de hierro; el levantamiento completo de Mathias Döring, en 1996, demostró que formaba parte de una conducción de riego de seis kilómetros, que llevaba agua a los campos de la nueva colonia de Augusta Praetoria y a un lavadero del mineral extraído en Cogne.
El consejo de la redacción
Se pasa por dentro, no solo por delante: el corredor de control es lo que queda en la memoria, y desde allí la garganta se mira como la miraba el guarda romano. Quien sufra el vacío que lo sepa antes: debajo hay 66 metros.
