Este castillo nunca fue una casa. El señor del lugar subía solo cuando llegaba el peligro: está sobre una terraza de roca cortada a pico sobre el Dora Baltea, y dentro de su recinto cabían dos mil hombres, suficientes para controlar todo el valle central. El resto del año era un cascarón vacío.
Qué ver
Quedan tres recintos de muralla, que encierran un área de unos noventa metros por setenta, y en el punto más alto la torre, las ruinas de un cuerpo de fábrica y una cisterna. Había también una capilla. La construcción principal es del siglo trece, pero el sitio se usaba mucho antes: desde allí arriba se ve quién llega por las dos direcciones.
La parte mejor conservada es el torreón cilíndrico, de unos dieciséis metros de altura. La torre redonda llegó al Valle de Aosta en el siglo anterior, y fue una elección de cálculo: a igual superficie interior, el círculo es la forma que ofrece menos perímetro que defender. Menos muro, menos hombres, menos gasto.
La visita
Se sube desde Villeneuve por un sendero empinado de media hora, sin entrada ni horarios; calzado adecuado, y a evitar con nieve o lluvia porque la roca se vuelve resbaladiza. Hora y media entre subida y bajada.
El consejo de la redacción
Busque la puerta del torreón: no está a ras de suelo, está a ocho metros de altura, y no hay ninguna escalera fija. Se entraba con una escalera de mano que luego se recogía dentro. Es el detalle que explica mejor que ningún otro para qué servía de verdad este sitio.
