En 1170 el Catálogo de los Barones del Reino de Nápoles registra que Pacentro está habitado por cuarenta y ocho familias: es una de esas cifras que meten un pueblo entero en una línea. Sobre las casas está el castillo, construido por los normandos en el siglo once y parcialmente destruido por Federico II; quien lo volvió a levantar y lo reforzó fue Jacopo Caldora, en el siglo quince, y de él toma el nombre. Era una de las principales fortalezas del valle Peligna, junto con Popoli y Roccacasale. En la torre del noreste hay un friso con una figura de mujer, quizá Rita Cantelmo, la madre de Jacopo Caldora; las almenas son todavía las que dañó el terremoto de 1706, y en los años noventa, cuando el castillo amenazaba ruina, se lo ha sostenido con contrafuertes de hormigón.
El pueblo, sin embargo, se mira bien también a nivel de la calle, porque tiene la manía de conservarse. Está la casa Marlurita, una sencilla casa medieval que pertenecía a Maria Loreta Pacella y que se ha convertido en el museo de sí misma, con los muebles del siglo diecinueve de una familia cualquiera; está la fábrica de pasta Morrone, un edificio del siglo dieciocho usado para hacer pasta desde 1880 y hoy visitable con su maquinaria del siglo veinte; está la fuente de la piazza del Popolo, delante de la parroquial, con la pila octogonal y un rostro humano esculpido en cada panel; y está la fuente lavadero, en la subida del castillo, donde se lavó hasta mediados del siglo veinte. Otra casa es conocida por razones distintas: la casa Ciccone, que era de los abuelos de la cantante Madonna. La tradición más sentida es la corsa degli zingari, una carrera a pie descalzos que se celebra el primer domingo de septiembre en honor de la Virgen de Loreto, y para la cual los jóvenes del pueblo suben por las laderas del colle Ardinghi.