El nombre es un rosal — rosetum — porque en época griega y romana aquí se cultivaban rosas, y los pétalos servían para rellenar las almohadas de las sibaritas: Roseto era una de las ciudades satélite de Síbaris. El «Capo Spulico» se añadió solo en 1970, por el promontorio de al lado. El castillo está a pico sobre el mar: una primera fortaleza la levantó Roberto Guiscardo, pero la grande, el Castrum Petrae Roseti, es de 1260. Es lo bastante antiguo y lo bastante conocido como para aparecer en las viejas cartas náuticas — y está también en el mapa de Italia pintado al fresco en la sala de los Mapas, en el Vaticano.
Bajo el castillo, en la playa, hay un peñasco que todos llaman el hongo, y es lo que acaba en las postales. Hasta hace una generación el pueblo vivía de higos, peras, limones, habas, guisantes, aceitunas y ovejas en libertad; luego, desde los años ochenta, se convirtió en el principal centro de playa del Jónico cosentino. El censo de 2001 enseña lo que eso supuso: junto al pueblo, con setecientos cuarenta y siete habitantes, y la marina, con ochocientos quince, contaba urbanizaciones de diez, cinco, tres y dos residentes, una que no tenía ninguno, y una sola persona registrada como habitante del campo. El museo de las conchas lo fundaron dos poetas, y uno de ellos, Dante Maffia, nació aquí.