El nombre no tiene nada que ver con los romanos: la casa se excavó en 1893, el año en que el rey y la reina de Italia celebraban sus bodas de plata, y los arqueólogos se la dedicaron. Es una costumbre de Pompeya, donde las casas llevan los nombres de visitantes ilustres y de aniversarios, porque casi nunca sabemos cómo se llamaban de verdad los propietarios.
Qué ver
El atrio es uno de los más grandes de la ciudad y tiene cuatro altas columnas corintias que sostienen el techo: se entra y uno se encuentra en un espacio propio de un edificio público, no de una casa privada. Al lado está la exedra de paredes amarillas y las habitaciones pintadas en segundo estilo, es decir con arquitecturas fingidas que abren el muro en profundidad.
Hay dos jardines: uno grande con la alberca y el triclinio para comer al aire libre, el otro con unas termas privadas, la piscina descubierta, la cocina y una sala con el suelo de mosaico y la bóveda de cañón sostenida por columnas pintadas imitando pórfido. La casa se construyó en época samnita y se modernizó bajo Augusto.
La visita
La casa está en la Regio V, al final de via Vesuvio, cerca de la zona todavía sin excavar; la visita está incluida en la entrada del yacimiento, pero la apertura de cada casa varía: se mira el plano en la entrada. Veinte minutos.
El consejo de la redacción
Póngase en medio del atrio entre las cuatro columnas y mire arriba hacia la abertura del techo: por ahí entraban la luz y la lluvia, y toda la casa está organizada alrededor de ese agujero. Pase luego al jardín de la piscina: en pocas casas de Pompeya se ve tan bien el salto entre la parte de aparato y aquella donde de verdad se vivía.
