Esta no es la casa de un rico: vivían aquí quizá una docena de personas, esclavos incluidos, y nació de la unión de dos viviendas más pequeñas. Se excavó entre 1896 y 1898 mientras asistía a los trabajos el príncipe de Nápoles, es decir el futuro rey Víctor Manuel tercero, y de él tomó el nombre que aún lleva.
Qué ver
Las estancias son pequeñas y apretadas alrededor del atrio, y las pinturas se rehicieron poco antes de la erupción, en parte tras los daños del terremoto que había golpeado Pompeya diecisiete años antes. Son decoraciones de buen nivel pero no lujosas: la casa de una familia que vivía con cierto desahogo y cuidaba las apariencias.
Dentro se encontraron un esqueleto, restos de comida y objetos de uso, lo que significa que en el momento de la erupción la casa estaba habitada; y además ánforas y pesas de telar, es decir las herramientas de un trabajo textil hecho en casa. En los muros hay agujeros abiertos por quienes volvieron a cavar entre los escombros justo después de la erupción para llevarse lo que se pudiera.
La visita
La casa está en la Regio VI, en la parte norte del yacimiento; la visita está incluida en la entrada de Pompeya, pero las aperturas de cada casa cambian de un día a otro: se mira el plano en la entrada. Un cuarto de hora.
El consejo de la redacción
Busque los agujeros en los muros: son la huella de los saqueadores, no de los arqueólogos. En los días y meses posteriores a la erupción la gente volvió a cavar en las casas sepultadas para recuperar muebles, metales y estatuas. Pompeya no se abandonó de golpe, se vació pieza a pieza, y estas brechas son la prueba más concreta.
