La infiorata de Gerano está considerada la más antigua de Italia. Se hace cada año el primer domingo después de san Marcos, es decir después del 25 de abril, en honor de la Virgen del Corazón, y la tradición la liga a una pintura de 1727 de Sebastiano Conca de Gaeta, tenida por milagrosa; para componer los dibujos se usan solamente pétalos de flores y hojas, nada más. En el pueblo hay incluso un museo dedicado a la infiorata, junto a otro que reúne viejas cajas de hojalata. La otra fiesta es la de santa Anatolia, que se celebra desde 1838 los días 9 y 10 de julio en el prado delante de su ermita: es una nundina, es decir una feria de ganado y de productos de la tierra, y ese prado sirve para eso desde el siglo quinto. Santa Anatolia es además patrona de los gitanos, y la fiesta atrae todavía hoy a comunidades romaníes de toda Italia.
El pueblo está sobre una colina de toba a quinientos dos metros, en los Monti Ruffi. No se sabe cuándo nació, pero en 1005 era ya un castrum, y pesaba lo bastante para interesar a los papas: en 1077 un breve de Gregorio VII lo confirma dividido entre la diócesis de Tívoli y el abad de Subiaco. Era la capital de la Massa Giovenzana, que había sustituido al más antiguo Trellanum. La iglesia de Sant'Anatolia, nacida como curtis dominica en el siglo sexto, es la más antigua de todo el valle del Giovenzano. Hay además tres fuentes romanas que todavía manan: la Fontana Vecchia es del siglo primero, las de Ciocio y de Leo del segundo. En el primer censo, en 1640, Gerano tenía seiscientos cincuenta y seis habitantes en ciento cuarenta familias; el máximo lo alcanzó en 1948, rozando los dos mil.
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